El hombre pequeño le tira un beso, el otro le cierra el ojo y en tono calmo y seguro previene al principiante: Póngalo no más, póngalo si lo tiene grande, y si no se viene a este chico que acá le aguanto, porque estos se van a ir rápido”. Entonces, con una sonrisa que casi se muerde las orejas grita fuerte: “¡Truco!”. “Ésteee… Meeeee caaaago, che”, replican los rivales mientras las cartas se van a la mesa. Al final, los seis brindan al unísono y la baraja nuevamente se reparte bajo el presente sol de la noche estival magallánica. ”

Por Cristián Morales, publicado en Magallanes en 100 palabras