Una sola será mi lucha
Y mi triunfo;
Encontrar la palabra escondida
aquella vez de nuestro pacto secreto
a pocos días de terminar la infancia.
Debes recordar
dónde la guardaste
Debiste pronunciarla siquiera una vez…
Ya la habría encontrado
Pero tienes razón ese era el pacto.
Mira cómo está mi casa, desarmada.
Hoja por hoja mi casa, de pies a cabeza.
Y mi huerto, forado permanente
Y mis libros cómo mi huerto,
Hojeado hasta el deshilache
Sin dar con la palabra.
Se termina la búsqueda y el tiempo.
Vencida y condenada
Por no hallar la palabra que escondiste

Palomas con alas tiesas

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Unos la llamaron la primera “poeta punk chilena”, otros la “Bukowsky”.  Quería conocer los sueños del hombre y se decidió a estudiar medicina y psiquiatría… No terminó, entendió que la poesía era la herramienta más poderosa para acercarse, al mismo tiempo, a la razón y al alma.

Vivió un intenso romance con Jodorowsky, antes con Parra, quien le dedica el poema la Víbora… Le dio en una ocasión un puñetazo a Lafourcade por una publicación que hizo en El Mercurio y que según ella la denostaba. Era la farándula de entonces, y para entrar había al menos que saber escribir y Stella Díaz Varín lo hizo con creces.

Su primera obra: Razón de mi ser, se agotó a los tres meses, luego vinieron premios y una contundente obra que no está en ninguna librería de Punta Arenas. Entonces, Chile leía más, valoraba la palabra y los escritores retrataban la República y debatían en distintos cafés.  Ella compartió con los grandes en el Bosco y Café Iris, en Santiago… Donoso, Neruda, Teillier, Latorre y tantos otros… Hasta que llega el golpe militar y desde la ventana de su departamento en Villa Olímpica grita a favor del Partido Comunista y exhibe fotografías del Che Guevara… su casa es allanada, ella detenida y torturada.  Incluso es atropellada por uno de los vehículos que vigilaban su domicilio…

Años más tarde, se le diagnostica un tumor cancerígeno en las cuerdas vocales y diez años después, el 15 de junio de 2006, fallece. Un poema suyo, La Paloma aparece recitado en un rescate que hace el trovador Eduardo Peralta, ahí suena de nuevo su voz estentórea, grave, brillante.

“No. La poesía no es una ecuación biológica. La poesía, si tú la pudieras definir -porque es indefinible- es un arranque sentimental, es una memoria de otro arranque sentimental, nada más”, decía Stella Díaz Varín.

Así dice, en una de esas alguien se anima a buscarla y leerla:

Palomas con alas tiesas/

Que van y vienen/

Palomas atolondradas/

Que no regresan/

Palomas que son sin número/

Así perecen/

Palomas estalactitas/

Así parecen/

Palomas dueñas del mito/

No reverdecen/

Palomas/

Parodia y alas de las gaviotas/

Palomas cautivas de aire/

Ala y congoja/

Palomas/

Qué hacer ahora…/

Palomas/

Esqueletitos y yo sin voces/

Palomas/

Tiempo pretérito/

Ala y sinroja/ 

Jueguen en los espacios/

Palomas locas./

Palomas compañeritas/

Veintiséis veces/

Son los latidos llantos/

Trece más trece.

Aunque fue reconocida tardíamente por una pequeña parte de la crítica especializada, su poesía marcó nuevos rumbos en la creación poética nacional. Fue incluida en numerosas antologías, entre las que destacan Poesía Nueva de Chile (1953); La mujer en la poesía chilena (1963); y Atlas de la poesía chilena (1958).

Con una dilatada trayectoria en las letras nacionales, Stella Díaz Varín reivindicó el oficio de poeta desmitificándolo, denunciando las carencias de esta labor: “Yo creo que deberíamos preocuparnos un poco de que el poeta deje de ser una especie de ser mítico, alado y peregrino. El poeta es un ser humano con familia, con necesidades biológicas y necesidades de todo tipo, al que nadie le da boleto en este país (…) por lo menos me gustaría que el hombre creador tuviera una base y una mínima seguridad de vida para que pudiera seguir creando”.

A pocos días de haberse hecho acreedora del Fondo del libro en su versión 2006, por el volumen “Stella extragaláctica”, Stella Díaz, falleció. Sus funerales se realizaron el 15 de junio de 2006.

Aquí puede escuchar el tema inspirado en el tema de Stella y además de otros poetas chilenos. El disco grabado por el músico Eduardo Peralta, reúne por primera vez a distintos vates. Un tesoro musical imperdible.

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