500 años después de su relato:

 ¿Cómo estamos? ¿Hacia dónde vamos? El genocidio, la muerte y el exterminio total de pueblos originarios ensombrecen con justa razón los actos que buscan “celebrar” o las definiciones que honran el “descubrimiento”. 

– reflexiones necesarias

Definido por una nariz aguileña, reposando en una barba feraz, con cierto aire a nostalgia y ojos cansinos, el retrato de Antonio Pigafetta circuló por años como la descripción más exacta del escribano de Vicenza que acompañó a Hernando de Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo.

No obstante, esa imagen correspondía en realidad a la de Giovanni Alberto di Girolamo, otro miembro de la familia Pigafetta. 

Hoy su rostro como su biografía siguen difusas en medio de la maleza histórica y la paparrucha, y muy poco en la región se ha destacado su obra que atraviesa distintos ámbitos de la cultura occidental.

En suma, de la aventura que confirmó la redondez del planeta nos queda un breve resumen acotado de un original que -al igual que su imagen- está extraviado. Pero suficiente para entender la trascendencia del viaje.

Realismo mágico

 

Desde la literatura, el periodista y escritor colombiano, García Márquez, le otorgó a Pigafetta la distinción de ser el creador del “Realismo Mágico” por sus extraordinarias descripciones durante su paso por el Estrecho de Magallanes y otros lugares. Y en 1982, al aceptar el Premio Nobel de Literatura, el periodista caribeño refrendó sus propios dichos citando parte del relato del insigne escribano:

“Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen”.

Gran parte del entorno descrito por Pigafetta ya no existe y fue -décadas después de su paso-, sacado de cuajo de la realidad durante el período de colonización latifundista, mediante asesinatos, y persecuciones de los primeros habitantes del extremo austral, llegando a su aniquilación biológica y cultural en el primer cuarto del siglo XX.  Todo avalado por un Estado que hizo vista gorda y que hasta el día de hoy mantiene un silencio vejatorio, sin reconocer el genocidio de selknam y aonikenk.

Por eso, 500 años después del relato de Pigafetta cabe preguntarse: ¿Cómo estamos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Cuál es la relación que establecemos hoy con el paisaje y la cultura?

Para el Colegio de Periodistas de Magallanes, el genocidio, la muerte y el exterminio total de pueblos originarios ensombrecen con justa razón los actos que buscan “celebrar” o las definiciones que honran y ponen acento en el “descubrimiento”. 

¿Cómo se pude descubrir un territorio en el cual ya vivían personas hace miles de años? La pregunta que habría que hacerse es cuál fue el primer selknam que vio surcar las carabelas. Reiterar la idea de “descubrimiento” es postergar y repetir una verdad atropellada, callada, violada y marginada del contexto político y social de Magallanes y del país. Es, en última instancia, aceptar una historia oficial que omite la esencia y justifica el genocidio. 

En este contexto, los 500 años son una oportunidad de reflexión.  Creemos que el debate no se cierra, la memoria tampoco, porque la entendemos como un modo de recordar, reparar y elaborar el pasado colectiva y reflexivamente, atendiendo a los conflictos, tensiones, rupturas y disputas de la memoria en los espacios sociales.  La memoria es un acto de redención que rescata del olvido y proyecta al mismo tiempo el futuro.

Nuestro aporte es un llamado a la reflexión, a soñar, y a proyectar nuestra identidad desde la justicia histórica. Y si algo hay que descubrir es la tolerancia, el respeto y la valoración de lo que no está y hemos perdido después de 500 años del paso de Antonio Pigafetta, el primer periodista occidental que llegó a lo que hoy es la región de Magallanes.